Conceptos de San Martín y Rosas sobre la subversión



Rodolfo Jorge Brieba

Parece extraño vincular al General José de San Martín con la temática de la “subversión” tan propia de los tiempos modernos. Pero no lo es tanto a pesar de los escasamente difundidos conceptos que oportunamente vertiera a través de su correspondencia. Es más, a dicho enemigo lo identifica como “terroristas, comunistas y socialistas”.


San Martín residía en Francia hacia los años en que se desarrollaron los levantamientos en la ciudad de París de 1848, por lo que fue testigo directo de tales hechos, máxime cuando él seguía los acontecimientos políticos europeos y americanos como hombre de Estado que nunca dejó de serlo.

En carta al Mariscal Ramón Castilla, presidente del Perú, denunciaba hacia el 11 de septiembre de 1848: “…las máximas de odio infiltradas por los demagogos a la clase trabajadora contra los que poseen…” agregando que “…El porvenir inspira una grande desconfianza…donde todos los habitantes…desean ardientemente el gobierno del sable militar a caer en poder de los partidos socialistas…”.

En otra carta dirigida a la máxima autoridad del país hermano con fecha 14 de noviembre de 1849 le escribía: “La situación, en general, de este viejo continente, sigue en el mismo estado de agitación que anuncié a Ud. en mi anterior…De todos modos, resta la gran cuestión del socialismo, cuestión vigente y que los hombres del desorden entretienen a las masas, tanto por los clubs como los millares de panfletos”.

Curiosa aún cuando no extraña la feliz coincidencia con los conceptos que el Brigadier Juan Manuel de Rosas vertiera en una carta del 25 de septiembre de 1871 a doña Josefa Gómez en la cual decía:

“Hablo de la Internacional comunista que se declaró atea, reunida en Londres, en Julio de 1869. Quiere la abolición de los cultos, la sustitución de la Fe por la ciencia y de la justicia divina por la justicia humana. La abolición del matrimonio. La Internacional, es una sociedad de guerra y de odios, que tiene por base el ateísmo y el comunismo. En cuanto a sus reglas de conducta son la negación de todos los principios sobre los que descansa la civilización”.



Fácil es de advertir como estos estadistas y militares argentinos supieron coincidir respecto del concepto y primacía del orden político frente a las agresiones “terroristas, comunistas y socialistas” y subversivos en general marcando una línea histórica que jamás podrá ser desmentida pese a los discursos y relatos en los círculos de pretendidos intelectuales (“circuleros” que le decían en el siglo XIX en tiempos de la Confederación Argentina) como a las operaciones de lavado de cerebro de los medios masivos de comunicación.

(nota: la correspondencia del Libertador puede consultarse en “El Gran Mariscal del Perú Ramón Castilla y sus vinculaciones con el General San Martín”, Buenos Aires escrito por Raúl Aguirre Molina en concordancia con “Biblioteca Ayacucho, “San Martín – Su correspondencia 1823-1850, Editorial América-Madrid, 1919)

Regimiento de Granaderos a Caballo




El Regimiento de Granaderos a Caballo acaba de conmemorar el bicentenario de su creación; puesto que el 16 de marzo de 1812 se le encomendó al General San Martín que organizara el cuerpo.

Herederos de la tradición sanmartiniana, son desde el año 1903 la fuerza que escolta y brinda seguridad a los presidentes de la Nación, pero realizan además una tarea pedagógica entre unos 35 mil alumnos de escuelas públicas primarias de todo el país, que visitan cada año el predio ubicado en Luis María Campos al 500, en el barrio porteño de Palermo.

“El regimiento no es el dueño del legado del Padre de la Patria, sino la herramienta que cualquier argentino, y especialmente los niños, tienen para llegar al pensamiento y a la obra del General San Martín”, explicó a la agencia de noticias Télam el segundo jefe del cuerpo de Granaderos, teniente coronel Gustavo Adrián Sivori, y recordó el compromiso de sus hombres con la tarea de brindar seguridad y custodia a la presidenta. En tal sentido, recordó que durante el bombardeo sobre Plaza de Mayo, en 1955, murieron una decena de granaderos que custodiaban la Casa de Gobierno.

“Para el bicentenario hemos reorganizado nuestro museo, con la inclusión de pantallas táctiles y otros instrumentos interactivos, y además estamos preparando, para mostrarles a los alumnos, una recreación del combate de San Lorenzo, que incluye la caída de su caballo del general San Martín y la acción heroica del sargento Cabral”, explicó a Télam el encargado de Relaciones Institucionales del regimiento, capitán Darío Sosa, y anticipó que este año se pondrá en marcha un centro de interpretación móvil o museo itinerante que “recorrerá cada rincón del país para trasmitir el legado sanmartiniano” a los chicos de escuelas públicas.

El regimiento está conformado por ocho escuadrones que cumplen distintas tareas: el Ayacucho se encarga de la escolta y seguridad en la Casa de Gobierno; el Chacabuco, de la seguridad en la Residencia de Olivos; el Alto Perú es la fanfarria que acompaña los actos oficiales; los escuadrones Riobamba, Junín, San Lorenzo y Maypo participan en los actos ceremoniales del Estado; y el Montevideo se ocupa de las tareas de logística. Además, los Granaderos mantienen guardias de honor en la Casa de Tucumán y en el Convento de San Carlos, donde se libró el combate de San Lorenzo.

Datos

El cuerpo de Granaderos a Caballo está compuesto en la actualidad por un total de 958 personas, entre oficiales, suboficiales, soldados y personal civil.

El Regimiento ocupa unas cuatro manzanas en el barrio porteño de Palermo.

En ese predio se entrenan y cuidan unos 350 caballos de remonta, criollos y “cuartos de milla”, que son utilizados en desfiles y actos oficiales.


El hombre héroe

Busto de San Martín realizado por la escultora y pintora Prof. Isabel Ventura de Tale
(Córdoba, Argentina)

El Inca que conoció a San Martín







El colaborador de este blog, Arq. Carlos Zavalla, nos ha aportado datos poco conocidos sobre un descendiente de los Incas, Juan Bautista Tupac Amaru, que falleció en Buenos Aires. En él habrían pensado San Martín y Belgrano como posible titular de la monarquía constitucional que propuso este último en el Congreso de Tucumán.

Entrevista a la Lic. Katia Gibaja

Para la investigadora Katia Gibaja (peruana de nacimiento y salteña por adopción), Juan Bautista Condorcanqui Tupac Amaru fue mucho más que la figura elegida por Manuel Belgrano para el "Plan del Inca", un proyecto que impulsaba la restauración de un descendiente de la casa de los Incas en el "trono de las Provincias Unidas de Sudamérica". Un anhelo en el que también se había embarcado José de San Martín.
Para Gibaja, el último inca vivo arribado a Buenos Aires casi por casualidad fue en realidad uno de los principales ideólogos del primer proyecto de integración sudamericana surgido allá por el 1800. Este episodio de nuestra historia, omitido casi por completo en los libros de texto estudiantiles, comenzó a salir a la luz no hace mucho gracias al trabajo de investigadores interesados en que se conozca la "verdadera identidad" de sudamérica.
La historia de Juan Bautista Tupac Amaru es un rompecabezas que poco a poco fue tomando forma. Había nacido en Tungasuca, provincia de Tinta (Cuzco) y era el hermano menor de José Gabriel Condorcanqui Tupac Amaru, líder de la mayor sublevación indoamericana hasta su posterior asesinato.
"Su muerte fue muy cruel. Le arrancaron la lengua y después lo descuartizaron y enviaron sus miembros a Surimana, Pampamarca, Cheqakupe y Tinta, para que todo el mundo aprendiera la lección", contó Gibaja.
Ese 4 de noviembre de 1781, toda la familia Tupac Amaru corrió la misma suerte, pero hubo alguien que se salvó de pura casualidad.

"Juan Bautista fue confundido con un reo común y se salvó del descuartizamiento. Fue apresado y encerrado en Cuzco; y el 22 de noviembre de 1783 fue enviado a un calabozo del Callao. De ahí fue embarcado rumbo a Cádiz", prosiguió Gibaja.
Las pruebas de que el menor de los Tupac Amaru salió vivo de Cuzco están en manos de Katia Gibaja, quien hace poco visitó el Museo Inka de la Universidad Nacional de San Antonio Abad de Cusco. Allí encontró actas donde figuran las listas de los reos deportados a España. Entre los nombres figura el de Juan Bautista y el de un tío suyo de 125 años, que también había sobrevivido a la matanza.
Gibaja es Presidenta de la Fundación Ecos de la Patria Grande y responsable del Centro de Información Andina del Museo de Arqueología de Alta Montaña.
Después de pasar cuatro meses en condiciones infrahumanas en Río de Janeiro, los prisioneros partieron rumbo a Cádiz, donde desembarcaron en 1785. De allí, Tupac Amaru fue conducido al Castillo de San Sebastián, donde estuvo 3 años. Luego fue enviado a Ceuta (Africa), donde estuvo encerrado 35 años.
"En 1813 llegó allí el padre Marcos Durán Martel, religioso agustino y revolucionario peruano, que lo ayudó a conseguir su libertad y lo embarcó rumbo a Buenos Aires", narra la investigadora.

En este punto, Gibaja corrige un dato clave acerca de la historia del último Tupac Amaru. Mientras algunos libros fechan la llegada del inca a la Argentina en el año 1823, ella sostiene que el arribo se produjo en realidad el mismo año de su liberación: 1813. Su fuente: las propias memorias escritas por Tupac Amaru, que muy pocos pudieron consultar.
Los pocos libros que rescatan la figura del último inca dicen simplemente que llegó y que se dedicó a escribir su autobiografía, subsidiado por el Gobierno, pero no se menciona su participación en el ideario revolucionario de la época.
"Establecer como fecha de arribo a Buenos Aires el año 1823 lo deja afuera de hitos importantísimos como el 9 de julio de 1816. Pero sabiendo que estuvo aquí desde 1813, se aclaran muchas cosas", señaló la licenciada en psicología e investigadora.
"Aunque la historia oficial no lo mencione, probablemente Tupac Amaru, el inca que Belgrano quería en el trono de la Monarquía Sudamericana, fue uno de los principales ideólogos del proyecto libertario que se gestó en Argentina. El 8 de julio de 1816, en Tucumán, Belgrano propuso su Plan Inca y sugirió que la capital del reino debía ser el Cuzco", precisó Gibaja.
Sostuvo también que cuando Tupac Amaru llegó a Buenos Aires conoció en persona a Belgrano, San Martín e "incluso -arriesga- debió conocer a Güemes". La amistad con los dos primeros no figura en los libros, pero sí está documentada en las memorias que escribió el inca bajo el título "Cuarenta años de cautiverio" (editada en 1824).
Según Gibaja, la idea de Belgrano no prosperó no porque no tuviera consenso entre el grueso del pueblo y las tropas, sino porque "tuvimos hombres en nuestra historia que eran probritánicos, proitalianos, profranceses. Lo que menos querían era una monarquía inca. Es más, en muchas actas figura que a los morochos de esta tierra les llamaban despectivamente 'los chocolates'".

Un dato importante que habla de la fuerte influencia que debió tener Tupac Amaru en el proyecto libertario es el hecho de que el acta redactada el 9 de julio de 1816 está escrita en aimara, en quechua "y hasta en jeroglíficos del Tiahuanaco".
Gibaja afirmó también que Martín Miguel de Güemes en el Norte argentino y Juana Azurduy de Padilla en Chuquisaca (Bolivia) "sabían de la existencia del inca y apoyaban el proyecto de la integración sudamericana bajo su potestad. En sus ejércitos, además, había muchos descendientes de familias cuzqueñas que habían huido al Sur y que luego poblaron los Valles Calchaquíes", precisó.
Hoy se sabe fehacientemente que Juan Bautista Condorcanqui Tupac Amaru, descendiente en séptima generación de los reyes incas, murió en Buenos Aires el 2 de setiembre de 1827, a los 88 años. Sus restos fueron encontrados hace unos meses en el cementerio de Recoleta. En las actas de entierro figura claramente su nombre.
La historia de este personaje increíble se va armando poco a poco, pero más allá del relato puntual de sus periplos, lo valioso es que su vida sirva "para probar que el proyecto de la unidad sudamericana estuvo presente ya desde nuestro pasado amerindio".

Diario El Tribuno. Salta, Argentina.
12 de Mayo de 2006

FUNDACION ECOS DE LA PATRIA GRANDE - Salta, Argentina - Año 2010




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Otros datos sobre el tema:




*San Martín, como Gobernador Intendente de Cuyo, presionó al Congreso de Tucumán -a través de los diputados Narciso Laprida y Tomás Godoy Cruz- para que se concretara la declaración de Independencia. Y en cartas a Godoy Cruz manifiesta: "Ya he dicho lo admirable que me parece el plan de un Inca a la cabeza, las ventajas son geométricas; pero por la patria les suplico, no nos metan en una regencia de varias personas, en el momento que pase de una sola, todo se paraliza y nos lleva el diablo".



*Belgrano, recién llegado de Europa, y desilucionado frente a la coronación de un monarca europeo, propuso una monarquía atemperada, que tenía como modelo a la monarquía inglesa, con un monarca de la Casa de los Incas.



* Al parecer, Juan Bautista Tupac Amaru nació en 1746 y fue deportado a España en 1784, se salvo de ser muerto con parte de la familia por un indulto que se firmo el 12 de septiembre de 1781. Existió luego un tratado de paz el 11 de diciembre de 1781 que fue ratificado solemnemente en la plaza del Cuzco el 26 de enero de 1782.

* San Martín, con su proverbial austeridad, rechazó muchos obsequios en Perú. Cuando le explicaron que, si el no aceptaba nada de lo que se le ofrecía, lo considerarían un gran desprecio para todos los peruanos, resolvió pedir al Cabildo como trofeo personal, el estandarte de Pizarro y el tintero del inquisidor. Con éste último se había firmado la sentencia de muerte del Inca Atahualpa (luego que este ordenara matar a su hermano ahogándolo en el rio misti...) y tambien fue el tintero con que las autoridades españolas firmaron la muerte de Gabriel Tupac Amaru.
Ambos trofeos estubieron siempre junto a San Martin en su dormitorio, hasta el día de su muerte en Bolulogne Sur mer.











Vicios indecorosos




No contentos con lo de la bastardía, los caballeros “des-bronceadores” añaden otras argucias para humanizar al general. Algunas pertenecen de pleno a la categoría de suciedades asquerosas, que dijera Pueyrredón. Luego, en su caso, pasaremos una revista lo mas rápida posible, tapándonos la nariz.
Veamos.

Supuestamente, el joven José de San Martín habría visto postergado su ascenso por que un oficial, al calificarlo, habría asentado la existencia de vicios indecorosos en la ficha de ese cadete.
El tema fue estudiado por Alfredo G. Villegas en su monografía San Martín cadete. La primera injusticia y el primer galardon de su carrera militar[1].
Lo que Villegas detectó fue un error cometido por el Jefe del Regimiento de Murcia, cnel. Jaime Moreno. Este, sin conocer a su tropa recién arribada de Oran, excluyó de los ascensos a dos sargentos y a seis cadetes; entre estos últimos, a San Martin. Pero a continuación se produjó el informe circunstanciado del Comandante D. Jose Vargas, quien aclaró la situación.

El comandante coincidía en la calificación de los otros cinco cadetes, de conducta relajada; pero, disentía absolutamente con el caso de José de San Martín. De él sostenía que los diferentes oficiales “le han visto en Oran portándose con mucha serenidad y valor frente a los moros, solicitando los mayores riesgos y desempeñando con exactitud el cumplimiento de su obligación”. De consiguiente, el 19 de junio de 1793, el cadete San Martín fue propuesto para la segunda Subtenencia de la Cuarta Compañía del Segundo Batallón.

Una causa posible de la equivocación esta en el mismo Archivo de Simancas. Allí consta que el susodicho Cnl. Jaime Moreno le ruega al Conde del Campo de Alange que dentro de las vacancias considere el caso de su hijo Salvador Moreno, de quien hace el elogio. Entonces, es más probable que para hacerle ese lugar haya decidido postergar a San Martín. Por eso, Villegas habla de una injusticia. A todo esto, cual lo destacaba el propio Cdte. Vargas, ni él ni Moreno habían sido los jefes regimentales del Murcia en la campaña del África, de donde se acababa de regresar, de modo que bien poco sabían de la conducta de los cadetes.

Pues, este último tema ha sido acabadamente examinado por el Cdte. de infantería (R.) del Ejercito Español Dr. D. Juan Manuel Zapatero y López-Anaya[2]. En su libro, Zapatero compulsa la foja de servicios del cadete San Martín. Con los informes de sus jefes del África –el capitán Antonio Cornide, el coronel José Eslava, el general en jefe Francisco Grajera y el gobernador de la plaza de Oran, general Juan Courten- se acredita una “conducta: ejemplar”[3].
De esa manera, el tema ha quedado perfectamente aclarado.

Sin embargo, uno de los chatarreros (que sabe de la existencia de los trabajos que acabamos de reseñar), toma el dato aludido para hablar de “vicios solitarios”, “infracciones intimas”, etc. Encima supone que San Martín no habría sido castigado como correspondía, prevalido de tener un padre militar. También conjetura “culpas” y “miedos psicoanalíticos”.
¿Tiene alguna prueba de lo que asevera…? Ninguna. No obstante, sin el menor apoyo documental, se lanza a injuriar. Tal vez, un mal pensado podría imaginarse a ese descalificado autor viéndose en el espejo y transcribiendo sus propias experiencias al respecto…

Enrique Diaz Araujo


(De su libro: “Don Jose y los chatarreros”)
Reproducido de Crítica Revisionista, 24 de abril de 2011

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[1] Villegas, Alfredo G. San Martín cadete. La primera injusticia y el primer galardon de su carrera militar, en : Ensayos, enero-junio 1982, nº 32, ps 455-482
[2] Zapatero y Lopez-Anaya, San Martin en Oran, Bs As. Circulo Militar, 1980
[3] Zapatero, ibidem, p. 200; cfr Espindola, Adolfo S., Gral de Brigada (R.E.) San Martin en el ejercito español en la Península. Segunda etapa sanmartiniana, T 1. Antes de bailen y Bailen. Bs. As., Comision Nacional Ejecutiva del 150 aniversario de la Revolucion de Mayo, 1962, ps 94 – 99; Garate Cordoba, Jose Maria, Las mocedades militares de Jose de San Martin, en Vida española del gral San Martin, Madrid Instituto español sanmartiniano, 1994; Garcia Godoy, Cristian, Jefes españoles en la formación militar de San Martin, en : Ensayos, enero-diciembre 1994, nº 44, ps 113/147.

El Libertador y la energía atómica




Hugo R. Martin (Gerente de Comunicación Cnea Córdoba)

Hace 200 años, al Padre de la Patria no se le hubiera ocurrido pensar que la ciencia y la tecnología nucleares le brindarían un servicio. Aunque pequeño comparado con los que él brindó a la patria, el estudio metalográfico para verificar la autenticidad del histórico sable corvo que usó en su campaña libertadora permitió la continuidad de su voluntad testamentaria y la preservación de un arma que jamás fue desenvainada en contra de sus compatriotas.

La espada que usó el general José de San Martín durante toda su vida fue adquirida en Londres en 1811. El entonces teniente coronel de Caballería eligió en ese momento un sable usado, corvo, probablemente de origen persa y claramente revelador del espíritu que animaba al futuro Libertador de América en la empresa que pensaba llevar adelante.

El arma es un fiel reflejo de su personalidad, ya que se caracteriza por sus líneas severas y por su sencillez. Tanto la empuñadura como la vaina carecen de laminados de oro, arabescos y piedras preciosas, como era habitual entre las jerarquías militares y de la nobleza. Cuando decidió retirarse a su exilio voluntario en Europa, el sable quedó en Mendoza bajo custodia de una familia amiga, hasta que años más tarde, a su pedido, fue llevado a Boulogne sur Mer, donde permaneció hasta su muerte, el 17 de agosto de 1850.

Voluntad testamentaria. En su testamento, San Martín pidió que el sable fuera entregado a Juan Manuel de Rosas. “Como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tentaban de humillarla”, decía.

Años después, a la muerte de Rosas y siguiendo también instrucciones testamentarias, el sable pasó por distintos poseedores hasta que fue donado al Museo Histórico Nacional en 1897. Allí permanecería hasta 1963, cuando un grupo de militantes de la Juventud Peronista decidió robarlo, como golpe de efecto contra el régimen militar. Al año siguiente, fue recuperado y devuelto al Museo luego de una investigación en la que intervinieron varios organismos científicos para confirmar su autenticidad.

El papel de la Cnea.
En la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea) se realizaron los exámenes radiográficos y metalográficos, observándose que ante el ataque con reactivos aparecían bandas claras y oscuras, lo que puso en evidencia una característica del sable ignorada: la hoja correspondía a un acero de Damasco.

No se ha encontrado hasta el momento información alguna que permita dilucidar las razones por las cuales la hoja fue pulida. Una posible explicación sería que, para limpiar el arma o remover alguna formación de óxido incipiente, una zona de la hoja fue pulida, lo que produjo una zona brillante y generó contrastes en el aspecto del arma. Para eliminar ese detalle estético, probablemente toda la hoja debió ser pulida y no pudo luego ser restituida a su estado original porque la técnica de ataque químico no era conocida en Occidente en esa época. En consecuencia, el descubrimiento del damasquinado fue un elemento decisivo para saber que era el sable corvo.

Cuando se analiza la conveniencia de desarrollar actividades científicas y tecnológicas nucleares, se desconoce su efecto multiplicador sobre otras áreas del quehacer nacional. Los conocimientos, las metodologías y los recursos humanos calificados contribuyen en forma indirecta a resolver cuestiones no necesariamente nucleares, como en este caso, pero que representan una ganancia adicional al desarrollo científico, tecnológico y nuclear.

La Voz del Interior, 17-8-11

"La Revolución": película sobre San Martín

Luego de ver esta película, creemos necesario hacer algunas breves reflexiones:



1. Nunca está de más que el cine argentino dedique algunas de sus producciones a la historia patria; con mayor razón cuando -como en este caso- se trata con respeto a los héroes nacionales.



2. Debemos confesar, sin embargo, que la película en sí, nos pareció carente de la calidad artística que hubiera merecido el Padre de la Patria. El desarrollo del guión es lento, aburrido. Imaginamos que si los jóvenes estudiantes son llevados a ver esta película, pueden llegar a perder el escaso interés que poseen actualmente por la historia argentina, y sus próceres.



3. El actor -a quien hay que reconocerle que hable con acento español, como lo tenía obviamente el General- sobreactúa el personaje, mostrando por momentos a un San Martín histérico que se tira en el pasto, esperando las tropas que se demoran en el cruce de los Andes.



4. Por gentileza del miembro honorario del blog, Arq. Carlos Zavalla, conocimos que es descendiente de Manuel Corvalán, a quien se muestra en la película respondiendo a un reportaje en 1880, contando la historia del cruce, que habría vivido como amanuense de San Martín, a la edad de quince años.



En realidad, según la biografía que adjuntamos, Corvalán fue un destacado militar, que, en 1816 poseía el grado de Teniente Coronel y 42 años de edad. Tampoco participó del cruce de los Andes. En 1880, fecha del reportaje, hacía 33 años que había fallecido.



Si bien es admisible que en una obra cinematográfica, no se ajuste el relato a la historia detallada, no se alcanza a entender una distorsión tan amplia.



5. Creemos que el cine argentino aún debe una muestra de mayor envergadura artística y técnica, a la memoria del General San Martín.


Córdoba, 18-4-2011.-


Mario Meneghini


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Anexo: el lector Juan Carlos Sánchez, en un comentario opina que el personaje de Manuel Corvalan, representa al futuro General Espejo. Ahora bien, acabamos de conocer que el director de la película, Leandro Ipiña, declaró que:

Corvalán y gran parte del guión están basados en las memorias del coronel Manuel de Pueyrredón, amanuense de San Martín cuando tenía 15 años." (Telam, 5-4-11)


MM, 23-4-11


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General Manuel Corvalán (1774-1847)



El general Manuel Corvalán nació en la ciudad de Mendoza el 28 de mayo de 1774, siendo sus padres el capitán Domingo Reje Corvalán y Manuela de Sotomayor, quienes lo enviaron de muy niño al Colegio de San Carlos, en Buenos Aires. Posteriormente abandonó el colegio para dedicarse al comercio.



Comenzaba a disfrutar de una posición holgada en 1806, cuando se produjo la primera invasión inglesa, circunstancia que le impulsó a abandonar sus pacíficas ocupaciones para empuñar la espada en defensa de los sagrados intereses de la Patria. Militarizada la capital del Virreinato a consecuencia de la Reconquista, Manuel Corvalán era reconocido el 8 de octubre de 1806, como porta-estandarte y alférez del cuerpo de Voluntarios Arribeños (que se llamó número 3). Su singular patriotismo no sólo le llevó a poner su brazo al servicio de la nación, sino que de su peculio personal equipó totalmente la compañía en que revistaba como oficial. En la segunda invasión británica, el subteniente Corvalán participó el 2 de julio de 1807 en el combate de los Corrales de Miserere, bajo las órdenes del general Liniers, quedando fuera de combate casi toda su compañía. Se retiró salvando ese día la bandera de su Cuerpo. En los sucesivos días remontó su compañía a su costa y la de sus amigos y en las cálidas jornadas del 5 y 6, en la Defensa de la ciudad, reveló condiciones de soldado valeroso. Por sus merecimientos en esta campaña fue promovido a teniente de Arribeños, y el 2 de setiembre de 1807 era graduado a capitán.



El 6 de marzo de 1810, el ahora ayudante mayor Corvalán, era destinado para comandar la frontera de Mendoza y allí en el fuerte “San Rafael” intervino en la propalación de las ideas de independencia que habían surgido a raíz de las invasiones inglesas. Producido el movimiento del 25 de mayo, los patriotas de Buenos Aires le encomendaron hiciese estallar un movimiento análogo en Mendoza, pero al llegar a este punto lo alcanzó el capitán Juan Bautista Morón, quien conducía comunicaciones de la capital fechadas el 27 de mayo, dando cuenta de haberse verificado aquel movimiento. Corvalán llegó a aquella capital el 13 de junio de 1810. Posteriormente contribuyó a la formación de milicias, lo que le valió la confirmación de su puesto de comandante general de la frontera y jefe de los fuertes de San Carlos y San Rafael.



El 24 de mayo de 1811 era promovido a teniente coronel. Por orden de la Junta Gubernativa de Buenos Aires alisto 200 hombres que él mismo condujo a Buenos Aires y que sirvieron de plantel al Regimiento de Granaderos a Caballo. Por decreto del 6 de julio de 1814, el Director Supremo Posadas lo nombró Teniente Gobernador de San Juan. El 27 de julio, San Martín salió de Mendoza para reconocer los campos del Sud y delegó el mando militar en el teniente coronel Corvalán. A su regresó a Mendoza, San Martín lo nombra Mayor de órdenes del Ejército de los Andes; en este puesto fue encargado del equipo, armamento y demás preparativos de aquel ejército. En 1816 es designado comandante del Batallón de Cívicos Pardos.



El 15 de octubre de 1816 San Martín le confió los establecimientos de armería, maestranza, parque y demás anexos de artillería, por considerarlo “como único jefe capaz por su inteligencia, probidad y actividad, para tan importante cargo”. Por esa razón se vio privado de la gloria de tomar parte en la campaña libertadora de Chile. Al respecto le dijo San Martín: “Tanto trabaja usted en su defensa (de la Patria) forjando en Mendoza los instrumentos de ella, como lanzándolos al frente de sus enemigos”.


A mediados de 1823, ya con el grado de coronel, fue enviado a Chile con el fin de reclamar la bandera que perteneció al Ejército de los Andes, para ser conservada en Mendoza, cuna de aquella falange libertadora; comisión que Corvalán cumplió, regresando a su ciudad natal con tan preciosa reliquia. Más tarde retornó a Buenos Aires donde fue elegido diputado por Mendoza al Congreso General Constituyente de 1826. El coronel Corvalán no disimuló en el seno de aquel Congreso sus simpatías por el sistema federal.



Caído Rivadavia y disuelta aquella Cámara Legislativa, el coronel Manuel Dorrego al ocupar el mando supremo de la provincia de Buenos Aires lo designa para ocupar el puesto de edecán del gobierno. Cuando se produce la revolución del 1º de diciembre de 1828 y la prisión y fusilamiento de Dorrego, Corvalán fue dado de baja del ejército de la provincia de Buenos Aires.



Acompañó luego a Juan Manuel de Rosas en su campaña contra el gobierno de Lavalle, y cuando el Restaurador triunfó, con fecha 1º de octubre de 1829, es reincorporado a la Plana Mayor del Ejército y promovido a coronel efectivo en el arma de infantería. Nombrado edecán de Rosas al asumir el mando el 6 de diciembre de 1829, acompañó a aquel gobernante cuando salió a campaña en 1831 con motivo de las operaciones contra el general Paz, en la provincia de Córdoba. En 1830 la provincia de Mendoza lo nombró diputado a la Liga del Litoral, reunida en San Fe donde se efectuó el famoso pacto del 4 de enero de 1831. En 1833 participó de la campaña al Desierto comandando el 4º Regimiento de Caballería.



En 1835 Rosas lo designó su primer edecán, promoviéndolo a coronel mayor en 1837 en premio a su lealtad y a sus servicios. En el ejercicio de su cargo desempeñó funciones múltiples y de gran importancia. Era el único que tenía acceso inmediato a Juan Manuel de Rosas, de día y de noche; y a cualquier hora se le veía vestido de uniforme de gala, revestido de discreción y afabilidad. Fue figura de gran probidad y que, siendo hombre de fortuna, durante su larga y penosa enfermedad, tuvo que aceptar de Rosas 10.000 pesos moneda de la época para satisfacer sus necesidades.


Falleció en Buenos Aires el 9 de febrero de 1847. Había contraído enlace el 19 de octubre de 1800 con Benita Merlo, matrimonio del cual nacieron varios hijos.



Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).